jueves, 4 de octubre de 2007


La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra el mismo; acaso sea en esto en lo que más extraño suene nuestro nuevo lenguaje. La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio, favorece la vida conserva la vida, conserva la especie, quizá incluso selecciona la especie; y nosotros estamos inclinados por principio a afirmar que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones lógicas, si no midiese la realidad con la medida del mundo puramente inventado de lo incondicionado, idéntico-a-sí-mismo, si no falsease permanentemente le mundo mediante el número, - que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida. Admitir que la no-verdad es condición para la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimiento de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal.


F.W.N.

2 comentarios:

pochwer dijo...

Experimentar, por momentos, ese sentimiento de cordura infinita, de entender y conocer de una vez por todas y para siempre TODA LA VERDAD, sería, en el mejor de los casos, un camino al suicidio, y en el peor de los mismos, un desprecio inusitado hacia la propia existencia, y también hacia la ajena, con consecuencias desastrozas.

Vemos entonces, que para vivir y ser "funcional", debemos ser lo suficiéntemente locos para no darnos cuenta de la realidad, o al menos darnos cuenta, y hacernos los revernedos boludos (como perro que se lo están cojiendo, diría un amigo ¿?) jajaja

Saludos Anto.

deo dijo...

hola loooocaaaa
jeee
nada qe ver
:)
vengo a flotar